Ni si quiera sabe que estoy aquí. Necesitaba darle una sorpresa después de todo este tiempo sin verle.
Me asomo a la ventana de su salón, de nuestro salón. Hay nieve y cubre toda la puerta sin dejar que ningún coche se acerque al garaje.
Miro el reloj. 23:45.
Llevo dos horas esperándole. Pensaba que la nieve había sido la culpable pero empiezo a preocuparme seriamente.
De repente, suena mi movil, es un numero que no conozco y el miedo que sentía, se intensifica.
-¿Si?-contesto asustada.
-¿Es usted familiar de Noah Jones?
-Sí, soy su prometida. ¿Le ha pasado algo?
-Será mejor que venga cuanto antes al hospital de la ciudad.
Y cuelgo. Cuelgo y vuelvo a diciembre, a cuando me dijo que me quería por y para siempre, sin ningún tapujo ni mentira. Que quería pasar el resto de sus días a mi lado. Y yo, irremediablemente, le dije que sí.
Voy a la parada de metro de al lado de casa. Voy llorando todo el camino pero por suerte, no hay nadie en el vagón.
Al salir, el frío aire me da de cara, llamo a mi madre y a la suya, para advertirlas, para decirlas que quizás deberían estar aquí porque yo sola no puedo enfrentarme a esto.
Entro al hospital y pregunto en el mostrador para que me indiquen su habitación pero solamente, con decir su nombre, ya saben quién es y no necesitan mirarlo ni en el ordenador.
Su cara refleja pesar, lamento, pero sobre todo, pena.
Y yo comienzo a llorar mas porque sé perfectamente el final de esta historia.
Me indican dónde debo ir y es una "habitación " separada por una especie de cortina típica del hospital.
La abro y ahí está. Lleno de cables sin sentido, que no le devolverán sus ganas de vivir, su sonrisa ni su fuerza.
Me siento a su lado y le cojo la mano. Pienso en todas esas conversaciones sobre tener hijos, nuestras peleas por los nombres, por dónde nos casaríamos y cuándo. Recuerdo nuestras peleas por ver quién quería más a quien.
Entonces, se me ocurre una idea.
Él nunca quiso casarse por la Iglesia pero sí por lo civil. Aquí no hay ningún juez pero supongo que con un par de enfermeras me valdrá.
Salgo y las aviso. Las cuento mi plan y me abrazan. Y aparecen su madre y la mía y les cuento lo acabo de pensar y comienzan a llorar más.
Vuelvo a entrar a la habitación y con un par de anillos prestados, comienzo diciendo mis votos mirándole a los ojos:
Te quiero por y para siempre. En lo malo, en lo bueno, en todo. Envejeceremos juntos. Recuérdalo. Estés feliz, triste, lo que sea. Te quiero, por y para siempre.
Y suspiro, llena de lagrimas, oyendo cómo los presentes en la habitación lloran mientras sonríen.
Sus latidos se hacen cada vez mas lentos, pero con la poca fuerza que le queda y con una voz muy baja dice:
Te querré por y para siempre. Por favor, recuérdalo incluso cuando no esté ahí que siempre te voy a querer. Por siempre y para siempre.