domingo, 29 de junio de 2014

Historia inacabada. Parte I.

Son las 3 de la madrugada. Tengo sueño y me dispongo a irme a la cama pero antes, como cada noche, me asomo a la terraza para ver las estrellas en lo alto del cielo oscuro mientras ellas brillan con toda intensidad. El aire fresco que hace me mueve el pelo, removiéndolo como él quiere.

De repente, miro a la carretera y me encuentro como a diez chicos en la acera mientras que en la carretera hay como cinco pares de coches, uno en cada carril. Cinco en uno, cinco en el otro. A la misma altura, como si todo estuviera milimetrado.

Justo cuando me voy a meter hacia el salón para irme a la cama, varios chicos me llaman (como si fuera un perro) intentando captar mi atención.

-Eh, tú. Baja. Tenemos que hablar.

-¿Yo? ¿Contigo? No siquiera sé quién eres. Paso-digo lo suficientemente alto para que lo oigan pero no para despertar a mi madre y/o mi hermana.

Pero, sin embargo, un chico se acerca. Tranquilo y diciéndole algo al tío que me ha hablado antes. Se acerca lo máximo que puede a la puerta de fuera para decirme:

-No hagas caso a este tío, es imbécil. Tienes que bajar, tenemos que hablar contigo. Tengo que hablar contigo. Nos has visto y...

-No voy a llamar a la policía si es lo que piensas. No necesito más problemas en mi vida-digo tranquila, aunque por dentro me estoy muriendo de miedo.

-Baja, por favor.

-¿Puedo ir aunque sea a por las gafas? Estoy un poco cegata y eso.

-Si en cinco minutos no has bajado tiro piedras a la ventana.

-Eso es demasiado romántico y a ti no te pega.

Entro al salón y respiro hondo. ¿Cómo salgo de casa sin hacer ruido? Encima estoy en pijama y no me da tiempo a cambiar.

Ando deprisa por el pasillo sin hacer demasiado ruido, descalza.

Cojo el pantalón de estar por casa y una camiseta que está en la silla y me la pongo. Después, voy al baño a mirar qué cara tengo (de sueño, como no) y cojo las gafas.

¿En qué lío me he metido?

Salgo de casa, intentando hacer el menor ruido posible y me pongo las deportivas en el descansillo, para que nadie me descubra.

Bajo por las escaleras, el ascensor tarda mucho y hace demasiado ruido.

Cuando estoy saliendo del portal, un sentimiento de pánico me invade. Debería darme media vuelta pero... Él ya me ha visto.

Voy caminando hacia él, sin prisa pero sin pausa.

-¿Qué ocurre?-digo mirándole. Mierda, sus ojos. Son preciosos. Y la sonrisa. Puta sonrisa. No, Amaya, no. No lo hagas. No te lo hagas. Mira en la mierda en la que está metido.

-Ven, vamos a mi coche. Ahí podremos hablar tranquilamente-dice mientras tira de mi mano, suavemente.

Es un coche de estos tuneados, aunque por dentro es de lo más cómodo.

-No puedes decirle a nadie lo que has visto. A nadie. Ni a tu familia ni a tus amigos. ¿Entendido?-dice serio mientras conduce por una de las calles del barrio, muy despacio.

-¿Qué eres? ¿Mi padre? Tú no me das órdenes. Y quiero bajarme, no me dio de ti.

-No te ni a secuestrar ni a violar. Te lo prometo. ¿Cómo te llamas?-pregunta, interesado.

-Primero tú. Necesito algo para poder fiarme de ti.

-Está bien... Me llamo Lucas y tengo 21 años-dice mientras saca el carnet de indentidad para que vea que es real-. Y no, ese carnet no es falso.

-Supongo que debo creerte. Soy Amaya y, por desgracia, tengo 17.

-Demasisdo pequeña.

-¡Eh! ¡Un respeto! Se suponía que esta charla iba a ser una advertencia sobre lo que no debía hacer. No de lo que no puedes hacer conmigo.

-La mayoría de las chicas, nada más verme, lo primero que me preguntan es dónde lo podemos hacer. Y a las que monto en el coche porque nos ve preparados para hacer la carrera, chillan y patalean para que las deje bajar. Es extraño que tú no seas así.

-Ante situaciones de pánico suelo quedarme quieta y respirar hondo. Sólo que hoy me apetece contestarte.

Ambos nos quedamos en silencio, sin decir nada. Él, se mete de nuevo en mi calle y haciendo un par de maniobras, deja el coche tal y como estaba.

Placas se ha bajado del coche y está dando la vuelta por la parte delantera para venir y abrirme la puerta. ¿Acaso eso se sigue haciendo? Creía que estaba extinguido.

Salgo y cuando él cierra la puerta me apoyo en ella. Las piernas me tiemblas del miedo y lo último que quiero es andar y caerme, porque corro ese riesgo.

Él se acerca a mí, quizás demasiado, quizás muy poco.

-¿Te volveré a ver?-pregunta en apenas un susurro.

-Puede. Nunca se sabe-digo mientras le miro a los ojos.

martes, 24 de junio de 2014

Cacao mental.

Pensamientos. Miles de pensamientos rondando por la cabeza. Algunos alegre, otros tristes.

Quiero que todo aquel que me rodea sea feliz, pero a veces me olvido de mí y de lo que realmente yo quiero.

¿Quiero esto? ¿O prefiero aquello? Pero es que a esta persona le haría feliz esto, sin embargo a la otra le gustaría lo contrario. ¿Qué hago?

Eso suele ser mi vida. Eso. Decidir qué contenta el qué a quien. Decidir cosas que la mayoría de ellas, a mí no me gustan pero quiero que todos sean felices, todos. Aunque yo acaba amargada.

Yo sólo quiero ver a todo el mundo sonreír... Pero yo también quiero hacerlo.