Pensaba que te quedarías para siempre, que siempre tendría tus besos y tus abrazos junto a mi. Pensaba que tu risa siempre retumbaría en mi oído. Pensaba que tu sonrisa sería lo que me iluminaría siempre que lo necesitase. Creía que tus palabras siempre iban a estar ahí para mi, para darme fuerzas.
Pero llegó el día, el día de irte. El día de dejarme sola aquí en medio, rodeada de gente sin corazón, sin fuerzas y sin ganas de seguir. Me dejaste a la deriva en medio de la nada. Me dejaste sin rumbo fijo.
Dijiste que ibas a estar para mi siempre que lo necesitase.
Bien, ahora te necesito. ¿Dónde estas?
Ando. Ando sin parar. Ando para encontrar mi camino, mi lucha diaria, mi fuerza sobrenatural. Pero no, no esta. No existe.
Tú me enseñaste a que la distancia es muy puñetera, que el verte dos o tres veces al año no me era suficiente pero me enseñaste a valorar cada momento que estaba junto a ti.
Me enseñaste a valorar que la vida te puede costar la vida pero que siempre es por una razón.
La gente se va cuando su función aquí ha acabado. Yo no quería que la tuya acabase nunca. Quería que siempre que lo necesitase estuvieses ahí, haciéndome reír, haciéndome cosquillas, regañandome si algo lo hacia mal.
Quería que estuvieses siempre para poder abrazarme cuando lo necesitase.
Quería que estuvieses siempre. Junto a mi. A mi lado.
Soñadora compulsiva de un futuro incierto. Sonreír a pesar del dolor es lo mas importante. Algún día, everything is gonna be alright.
miércoles, 7 de agosto de 2013
lunes, 5 de agosto de 2013
"-Tuyo. +Mío"
Quiero... Quiero que vengas por detrás, rodees mi cintura con tus manos y apoyes tu cabeza en mi hombro mientras me susurras un "te he echado demasiado de menos como para poder soltarte" y que acto seguido me muerdas el lóbulo de la oreja, bajes hasta mi cuello y dejes tu marca ahí. Quiero que tus manos empiecen a hacerme cosquillas por la tripa, suavemente, como si me estuvieses pasando una pluma por ella. Quiero poder agarrar tus manos mientras me rodean la cintura y apoyar mi nuca en tu hombro mientras el viento sopla hacia nosotros haciendo que un escalofrío recorra cada parte de mi. Quizás ese escalofrío no haya sido producido por el viento, sino por tu dulce tacto. Me aprietas fuerte contra ti, como queriendo demostrar que soy tuya; cosa que he sido siempre.
El sol se va escondiendo cada vez más, como queriendo darnos intimidad.
Me giras y me pones de frente a ti. Apartas una de tus manos de mi cintura y la subes hasta mi mejilla, la acaricias con los nudillos de tu mano derecha y susurras un "estas demasiado preciosa después de todo este tiempo" con esa voz que sabes que me vuelve loca. Cierro los ojos por el tacto y por las palabras. Sonrío. Y sé que tú también lo estas haciendo a pesar de tener los ojos cerrados.
Cuando los abro estas sonriendo y aún estas acariciándome la mejilla, miras cada facción de mi cara, como queriendo recordarla, como si esta fuese a ser la última vez que la fueses a ver.
Esta vez soy yo quien levanta la mano derecha y acaricia tu mejilla. Te estremeces bajo mi tacto. Ha sido demasiado tiempo sin poder tocarnos. Hemos perdido la costumbre, supongo. Cierras los ojos y disfruto.
Disfruto al saber que aún sientes algo cuando te acaricio. Disfruto al saber que sonríes cuando me tienes cerca. Disfruto al saber que aún me quieres.
Cuando abres los ojos, sonríes aún más. Agarras mi cintura y me pegas más aún a ti, intentando que no haya ni un milímetro entre nosotros.
El viento cesa y ya sólo queda una fría brisa. El tiempo perfecto para nosotros.
Agachas tu cabeza y juntas tu frente con la mía. Yo subo mis manos hasta tu cuello y empiezo ha hacerte cosquillas. Me dices un "no hagas eso, sabes que me vuelve loco" con una sonrisa picara y mientras yo te contesto "quiero volverte loco. Quiero que seas mi loco" sonriendo.
Acercas tu nariz a la mía, me das un beso de esquimal y me sueltas "siempre seré tu loco, tu loco particular" y yo, caigo en tus redes.
Nuestros ojos brillan, brillan tanto que podríamos iluminar cualquier ciudad los dos juntos.
Agachas tu cabeza aún más, eres demasiado alto, ¿sabes? Yo bajo una de mis manos hasta tu pecho y con un dedo, subo y bajo por tu pecho, marcando cada curva.
Estas demasiado cerca, mi corazón late a mil por hora, mi respiración se agita, al igual que la tuya.
Me susurras un "tuyo".
Te contesto un simple "mío".
Tú respondes con un "mía" mientras sonríes con esa sonrisa que volvería loca a cualquier chica de este universo.
Yo contesto un "tuya" mientras sonrío como la tonta enamorada que soy.
Te refrescas los labios, me miras a los ojos y luego a los labios y nuevamente a los ojos.
Te miro a los ojos, a los labios, a los ojos mientras me muerdo el labio inferior.
"No te muerdas así el labio. Haces que lo único que quiera hacer sea devorarte". Tú y tus comentarios tan sutiles.
Me pongo de puntillas, me acerco a ti.
Subes tu mano izquierda hasta mi cuello y, cuando nos miramos a los ojos por última vez, me acercas a ti hasta hacer que no haya ni una mínima franja de aire que nos separe.
Y entonces, sí, me devoras. Me devoras a besos, tantos que no me da tiempo a coger ni aire, pero no me importa.
Entre beso y beso, se nos escapa alguna que otra risa.
"Eres mi salvavidas" te digo cuando paramos para poder respirar.
"Tú eres la que me impulsa a seguir adelante" me dices mientras tus ojos se vuelven dos estrellas de lo que brillan.
Vuelves a besarme, pero esta vez un beso corto, un beso rápido, dejándome con ganas de más.
Te miro con cara de pocos amigos, esa cara que tanta gracia te hace. Me miras y empiezas a reírte. "¿Qué he hecho ahora?" Me dices levantando la parte izquierda de tu boca. Tonto. "Eres malo. Me das un beso rápido para dejarme con ganas de más. Sabes que eso no es justo" te digo con voz cabreada y te señalo. "Oh, venga... Si te encanta. Y lo sabes tan bien como yo" me dices acercándote a mi pero yo huyo.
Corro un poco. Quiero empezar a jugar al pilla-pilla. ¿Volvemos un rato a la infancia?
Corres detrás de mi. Pero salgo corriendo. "¿Quieres jugar o qué?" Me dices parándote. ¿Tan poca resistencia tienes? Yo creía que tenías más. "No, corro por placer" y te saco la lengua. Niegas mientras sonríes y sales escopetado hacia mi. Mierda. Salgo corriendo. Estas cerca y me escondo detrás de un árbol. No me ves. Apoyo la espalda en el tronco del árbol. Respiro. Intento recuperar el ritmo normal. Río bajo mientras oigo tus pisadas cerca. Las hojas secas se rompen a cada pisada tuya. Respiro tan lento y tan bajo que parece que no lo hago. Me pongo en posición de ataque. Oigo tu respiración y salgo corriendo cuando alguien me atrapa.
El suelo desaparece bajo mis pies y el mundo da vueltas bajo un mismo eje. Tú. Yo. Nosotros.
Cuando me bajas, mi espalda esta apoyada en tu pecho, tus manos rodean mi cintura y tus labios están en mi oreja. "¿Creías que no te cogería?" me dices susurrando y con una pequeña risa al final. Intento escapar, intento que tus manos me dejen libre pero soy tuya, una vez más. "No vas a escaparte. Esta vez no".
Las hojas del suelo se elevan un poco por la brisa que corre.
Levanto las manos indicando mi rendición. "Tú ganas. Soy tuya. No voy a huir" me giras para quedarnos de frente, te lames los labios y con tu voz ronca me dices "¿lo prometes o es una promesa sin valor?" Te miro y levanto una ceja "¿desde cuándo te hago yo a ti una promesa sin valor? Te prometí estar cuando volvieses y sigo aquí, a tu lado. No me he ido, ¿no?" Te miro seria. Eso ha dolido. "Sólo era una broma, no quería que te sentase mal" dices como pidiéndome perdón. "Creía que confiabas en mi". "Y lo hago. Te lo juro". Me alejo de ti. No sé a qué ha venido eso.
Una nueva fría brisa hace que se me hiele cada parte de mi ser.
"Mírame. Eh, enana, mírame" me dices poniéndote en frente de mi y cogiéndome la barbilla para que te mire. "No. No confías en mi, lo que me has dicho... ¿Podrías explicarme a qué ha venido eso?" Te digo con lágrimas en los ojos y la voz rota. Tu cara se descompone al verme así. "Han sido tres meses demasiado difíciles. Sabes que he perdido la confianza en mucha gente pero no en ti. Nunca en ti." Dices descompuesto. Duele, ¿verdad? "¿Nunca? ¿Seguro? Porque por las palabras que..." "Eran simples palabras. Tú misma me dijiste<<nunca me prometas ni me digas algo sino me lo demuestras. Lo importante son los hechos, no las palabras>> o ya no te acuerdas?"
El único sonido que hay es el de las hojas al caer y algún que otro remolino de hojas por culpa de la brisa.
Miro a mi alrededor y me doy la vuelta. Me abrazo a mi misma y empiezo a llorar. Lágrimas silenciosas como estos últimos meses. Das dos pasos y te pones a mi lado, secas cada lágrima que cae. "Te dije que cuando volviese, no quería lágrimas; sino sonrisas". Niego con la cabeza. "Para. Para de hacer esto. De hacernos esto. Sé que quizás no haya la misma confianza que antes de que te fueras pero, ¿sabes? La distancia son un par de números y unas cuantas horas de diferencia. Te he demostrado que sé esperar a pesar de todo este tiempo, te he demostrado que puedes confiar en mi. No dejes que esto se acabe por cuatro personas que te traicionaron."
Consigo apartarme de ti y empiezo a andar. Necesito que el frío aire vuelva a mi, vuelva a hacer que estoy viva, que estoy aquí, con él. Quiero que el frío aire consiga que todo vuelva a ser como hace unos escasos minutos. Quiero que el jodido frío aire me haga sonreír.
Vuelvo a donde estábamos al principio de la tarde abrazados. Observo cómo el cielo se torna negro pero en él empiezan a destacar pequeños puntos de luz. Estrellas. Estrellas que me recuerdan al momento de cuando venimos aquí a despedirnos la noche de antes de que te fueras.
"Lo siento" susurras al ponerte a mi lado. Me abrazo a mí misma. No quiero esto. No quiero esta puta situación. "¿Por qué?" Digo muy bajo. Tengo miedo de que si levanto la voz, me ponga a llorar. "¿Por qué qué?" Susurras con el ceño fruncido. "¿Por qué yo? ¿Por qué una chica tan insegura de sí misma? ¿Por qué una chica tan insegura de su alrededor? ¿Por qué una chica que a penas sonríe?" Suelto de golpe. Un peso menos, supongo. "Porque tú fuiste la única que pudo verme cuando me volví invisible. Porque fuiste la única que me apoyó en cada momento en el que todo me iba mal. Porque me puse mi propio reto: ser el que te hiciese feliz. Lo único que no sé es si funciona" dices con un tono bromista en la voz mientras te encoges de hombros al final de la frase. Sonrío un poco y te miro de reojo. Esto es como al principio, como cuando comenzó todo. Tú, yo. Aquí, en este mismo lugar, en este mismo punto. Los dos con la misma postura. Tú con tus manos metidas en los bolsillos y un poco tenso. Yo rodeandome a mi misma para sentirme protegida.
Un leve susurro de aire hace que me de cuenta de que realmente no he respondido a lo que, indirectamente, ha preguntado.
"¿Sabes? Tu reto está más que conseguido. Vale, sí, solemos discutir. Un poco. Bastante. Quizás demasiado para una pareja de nuestra edad pero supongo que eso vendrá con formar parte de un nosotros y la distancia. Consigues que, con una mínima tontería, sonría como una idiota, que las mil mariposas que habitan en mi tripa, se despierten con tan sólo oír tu voz. Tu sonrisa es una de las mil cosas que me vuelve loca. Haces que mis ojos brillen como dos estelas cuando me dices un simple <<enana>> o un <<renacuaja>>. Me haces feliz. Y eso es así". Suelto los brazos y dejo que caigan a los lados de mi cadera.
Me entra un pequeño escalofrío tras todo lo que he dicho. Nunca había pensado que fuese capaz de hacerlo.
Te giras y sin pensártelo dos veces, haces que un puto zoológico aparezca en mi tripa provocándome mil escalofríos con tu beso.
No es un beso de esos suaves, ni uno que te deja con sabor amargo por querer más.
Es un beso apasionado, devorador. Un beso que no te pide más, sino que te pide que terminéis en otro mundo.
Es un beso de esos que a ti tanto te gustan. Un beso con el que consigues que cada poro de mi piel se despierte.
"Tú y tu manía de matarme a base de besos" te digo riéndome tras el beso.
"Tú y tu manía de decirme que me quieres a través de un par de frases" dices sonriendo.
El sol se va escondiendo cada vez más, como queriendo darnos intimidad.
Me giras y me pones de frente a ti. Apartas una de tus manos de mi cintura y la subes hasta mi mejilla, la acaricias con los nudillos de tu mano derecha y susurras un "estas demasiado preciosa después de todo este tiempo" con esa voz que sabes que me vuelve loca. Cierro los ojos por el tacto y por las palabras. Sonrío. Y sé que tú también lo estas haciendo a pesar de tener los ojos cerrados.
Cuando los abro estas sonriendo y aún estas acariciándome la mejilla, miras cada facción de mi cara, como queriendo recordarla, como si esta fuese a ser la última vez que la fueses a ver.
Esta vez soy yo quien levanta la mano derecha y acaricia tu mejilla. Te estremeces bajo mi tacto. Ha sido demasiado tiempo sin poder tocarnos. Hemos perdido la costumbre, supongo. Cierras los ojos y disfruto.
Disfruto al saber que aún sientes algo cuando te acaricio. Disfruto al saber que sonríes cuando me tienes cerca. Disfruto al saber que aún me quieres.
Cuando abres los ojos, sonríes aún más. Agarras mi cintura y me pegas más aún a ti, intentando que no haya ni un milímetro entre nosotros.
El viento cesa y ya sólo queda una fría brisa. El tiempo perfecto para nosotros.
Agachas tu cabeza y juntas tu frente con la mía. Yo subo mis manos hasta tu cuello y empiezo ha hacerte cosquillas. Me dices un "no hagas eso, sabes que me vuelve loco" con una sonrisa picara y mientras yo te contesto "quiero volverte loco. Quiero que seas mi loco" sonriendo.
Acercas tu nariz a la mía, me das un beso de esquimal y me sueltas "siempre seré tu loco, tu loco particular" y yo, caigo en tus redes.
Nuestros ojos brillan, brillan tanto que podríamos iluminar cualquier ciudad los dos juntos.
Agachas tu cabeza aún más, eres demasiado alto, ¿sabes? Yo bajo una de mis manos hasta tu pecho y con un dedo, subo y bajo por tu pecho, marcando cada curva.
Estas demasiado cerca, mi corazón late a mil por hora, mi respiración se agita, al igual que la tuya.
Me susurras un "tuyo".
Te contesto un simple "mío".
Tú respondes con un "mía" mientras sonríes con esa sonrisa que volvería loca a cualquier chica de este universo.
Yo contesto un "tuya" mientras sonrío como la tonta enamorada que soy.
Te refrescas los labios, me miras a los ojos y luego a los labios y nuevamente a los ojos.
Te miro a los ojos, a los labios, a los ojos mientras me muerdo el labio inferior.
"No te muerdas así el labio. Haces que lo único que quiera hacer sea devorarte". Tú y tus comentarios tan sutiles.
Me pongo de puntillas, me acerco a ti.
Subes tu mano izquierda hasta mi cuello y, cuando nos miramos a los ojos por última vez, me acercas a ti hasta hacer que no haya ni una mínima franja de aire que nos separe.
Y entonces, sí, me devoras. Me devoras a besos, tantos que no me da tiempo a coger ni aire, pero no me importa.
Entre beso y beso, se nos escapa alguna que otra risa.
"Eres mi salvavidas" te digo cuando paramos para poder respirar.
"Tú eres la que me impulsa a seguir adelante" me dices mientras tus ojos se vuelven dos estrellas de lo que brillan.
Vuelves a besarme, pero esta vez un beso corto, un beso rápido, dejándome con ganas de más.
Te miro con cara de pocos amigos, esa cara que tanta gracia te hace. Me miras y empiezas a reírte. "¿Qué he hecho ahora?" Me dices levantando la parte izquierda de tu boca. Tonto. "Eres malo. Me das un beso rápido para dejarme con ganas de más. Sabes que eso no es justo" te digo con voz cabreada y te señalo. "Oh, venga... Si te encanta. Y lo sabes tan bien como yo" me dices acercándote a mi pero yo huyo.
Corro un poco. Quiero empezar a jugar al pilla-pilla. ¿Volvemos un rato a la infancia?
Corres detrás de mi. Pero salgo corriendo. "¿Quieres jugar o qué?" Me dices parándote. ¿Tan poca resistencia tienes? Yo creía que tenías más. "No, corro por placer" y te saco la lengua. Niegas mientras sonríes y sales escopetado hacia mi. Mierda. Salgo corriendo. Estas cerca y me escondo detrás de un árbol. No me ves. Apoyo la espalda en el tronco del árbol. Respiro. Intento recuperar el ritmo normal. Río bajo mientras oigo tus pisadas cerca. Las hojas secas se rompen a cada pisada tuya. Respiro tan lento y tan bajo que parece que no lo hago. Me pongo en posición de ataque. Oigo tu respiración y salgo corriendo cuando alguien me atrapa.
El suelo desaparece bajo mis pies y el mundo da vueltas bajo un mismo eje. Tú. Yo. Nosotros.
Cuando me bajas, mi espalda esta apoyada en tu pecho, tus manos rodean mi cintura y tus labios están en mi oreja. "¿Creías que no te cogería?" me dices susurrando y con una pequeña risa al final. Intento escapar, intento que tus manos me dejen libre pero soy tuya, una vez más. "No vas a escaparte. Esta vez no".
Las hojas del suelo se elevan un poco por la brisa que corre.
Levanto las manos indicando mi rendición. "Tú ganas. Soy tuya. No voy a huir" me giras para quedarnos de frente, te lames los labios y con tu voz ronca me dices "¿lo prometes o es una promesa sin valor?" Te miro y levanto una ceja "¿desde cuándo te hago yo a ti una promesa sin valor? Te prometí estar cuando volvieses y sigo aquí, a tu lado. No me he ido, ¿no?" Te miro seria. Eso ha dolido. "Sólo era una broma, no quería que te sentase mal" dices como pidiéndome perdón. "Creía que confiabas en mi". "Y lo hago. Te lo juro". Me alejo de ti. No sé a qué ha venido eso.
Una nueva fría brisa hace que se me hiele cada parte de mi ser.
"Mírame. Eh, enana, mírame" me dices poniéndote en frente de mi y cogiéndome la barbilla para que te mire. "No. No confías en mi, lo que me has dicho... ¿Podrías explicarme a qué ha venido eso?" Te digo con lágrimas en los ojos y la voz rota. Tu cara se descompone al verme así. "Han sido tres meses demasiado difíciles. Sabes que he perdido la confianza en mucha gente pero no en ti. Nunca en ti." Dices descompuesto. Duele, ¿verdad? "¿Nunca? ¿Seguro? Porque por las palabras que..." "Eran simples palabras. Tú misma me dijiste
El único sonido que hay es el de las hojas al caer y algún que otro remolino de hojas por culpa de la brisa.
Miro a mi alrededor y me doy la vuelta. Me abrazo a mi misma y empiezo a llorar. Lágrimas silenciosas como estos últimos meses. Das dos pasos y te pones a mi lado, secas cada lágrima que cae. "Te dije que cuando volviese, no quería lágrimas; sino sonrisas". Niego con la cabeza. "Para. Para de hacer esto. De hacernos esto. Sé que quizás no haya la misma confianza que antes de que te fueras pero, ¿sabes? La distancia son un par de números y unas cuantas horas de diferencia. Te he demostrado que sé esperar a pesar de todo este tiempo, te he demostrado que puedes confiar en mi. No dejes que esto se acabe por cuatro personas que te traicionaron."
Consigo apartarme de ti y empiezo a andar. Necesito que el frío aire vuelva a mi, vuelva a hacer que estoy viva, que estoy aquí, con él. Quiero que el frío aire consiga que todo vuelva a ser como hace unos escasos minutos. Quiero que el jodido frío aire me haga sonreír.
Vuelvo a donde estábamos al principio de la tarde abrazados. Observo cómo el cielo se torna negro pero en él empiezan a destacar pequeños puntos de luz. Estrellas. Estrellas que me recuerdan al momento de cuando venimos aquí a despedirnos la noche de antes de que te fueras.
"Lo siento" susurras al ponerte a mi lado. Me abrazo a mí misma. No quiero esto. No quiero esta puta situación. "¿Por qué?" Digo muy bajo. Tengo miedo de que si levanto la voz, me ponga a llorar. "¿Por qué qué?" Susurras con el ceño fruncido. "¿Por qué yo? ¿Por qué una chica tan insegura de sí misma? ¿Por qué una chica tan insegura de su alrededor? ¿Por qué una chica que a penas sonríe?" Suelto de golpe. Un peso menos, supongo. "Porque tú fuiste la única que pudo verme cuando me volví invisible. Porque fuiste la única que me apoyó en cada momento en el que todo me iba mal. Porque me puse mi propio reto: ser el que te hiciese feliz. Lo único que no sé es si funciona" dices con un tono bromista en la voz mientras te encoges de hombros al final de la frase. Sonrío un poco y te miro de reojo. Esto es como al principio, como cuando comenzó todo. Tú, yo. Aquí, en este mismo lugar, en este mismo punto. Los dos con la misma postura. Tú con tus manos metidas en los bolsillos y un poco tenso. Yo rodeandome a mi misma para sentirme protegida.
Un leve susurro de aire hace que me de cuenta de que realmente no he respondido a lo que, indirectamente, ha preguntado.
"¿Sabes? Tu reto está más que conseguido. Vale, sí, solemos discutir. Un poco. Bastante. Quizás demasiado para una pareja de nuestra edad pero supongo que eso vendrá con formar parte de un nosotros y la distancia. Consigues que, con una mínima tontería, sonría como una idiota, que las mil mariposas que habitan en mi tripa, se despierten con tan sólo oír tu voz. Tu sonrisa es una de las mil cosas que me vuelve loca. Haces que mis ojos brillen como dos estelas cuando me dices un simple <<enana>>
Me entra un pequeño escalofrío tras todo lo que he dicho. Nunca había pensado que fuese capaz de hacerlo.
Te giras y sin pensártelo dos veces, haces que un puto zoológico aparezca en mi tripa provocándome mil escalofríos con tu beso.
No es un beso de esos suaves, ni uno que te deja con sabor amargo por querer más.
Es un beso apasionado, devorador. Un beso que no te pide más, sino que te pide que terminéis en otro mundo.
Es un beso de esos que a ti tanto te gustan. Un beso con el que consigues que cada poro de mi piel se despierte.
"Tú y tu manía de matarme a base de besos" te digo riéndome tras el beso.
"Tú y tu manía de decirme que me quieres a través de un par de frases" dices sonriendo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
