jueves, 5 de diciembre de 2013

Juguete.

Querer escribir y no poder. Sentarte frente a un papel con bolígrafo en mano y que las palabras no salgan. Intentar expresar sentimientos a través de oraciones subordinadas y coordinadas de cualquier tipo me es imposible.
¿Por qué? ¿Por qué ya no me expreso como antes? ¿Por qué ya sólo lloro? ¿Por qué me sigo guardando cosas que duelen? 
Prometo que intento ser perfecta, pero parece que intentarlo ya no es ni posible. Intento ser feliz pero cada vez que estoy en esa línea que separa la felicidad de la tristeza, todo se tuerce y no consigo pasar al color rosa.
Sonreír falsamente les sirve a los demás, a mi ya ni eso. Supongo que después de tantos años, una se cansa.
Intento ser fuerte pero a una se le acaban gastando las pilas como a cualquier juguete.
Juguete. Así me siento. Como un sucio, barato y roto juguete al que alguien se ha cansado de dar cuerda porque sólo da disgustos.

lunes, 21 de octubre de 2013

Duele.

-Espérame.
+No.
-Por favor.
+Te he dicho que me dejes sólo, ¿puedes hacerlo?
-No.
+¿Vas a seguirme allá a dónde vaya?
-¿Acaso no puedo?
+Quiero que me olvides.

Duele, duele decir esas cuatro palabras. "Quiero que me olvides". No, en realidad no quiero que lo hagas. Quiero que sigas detrás mía, quiero seguir oyendo tus llantos y tus gritos de desesperación porque vuelva. Quiero girarme e ir corriendo hacia ti y que escondas tu cabeza en mi cuello, inspirar la fragancia de tu pelo y abrazarte hasta que me digas que pare.
Pero no puedo. Lo jodiste todo cuando me fui por dos meses. Dijiste que me esperarías. ¿Dónde está tu espera? En un mundo paralelo, supongo, porque aquí no.
Fuiste capaz de engañarme y luego de venir a recogerme al aeropuerto. Fuiste capaz de mentirme con cada llamada de teléfono. Fuiste capaz de mentirme a la cara hasta que todas tus mentiras te pudieron y me soltaste la verdad.
Te amo por tener el valor de contármelo pero te odio por haberlo hecho.
Duele, duele dejarte marchar. Duele saber que ya no vendrás más a mi a pedirme que te abrace. Duele saber que ya no necesitarás mi pecho o mis piernas de almohada. Duele saber que ya no necesitarás de mi tacto o que ya no seré yo el que te haga cosquillas.
Duele. Duele dejarte ir. Pero más me duele dejarte ir cuando tú eres la razón por la que volví aquí. 
No tenía a nadie. A nadie. Sólo me quedabas tú.
¿Y ahora? Ahora sólo queda nieve pegada en las suelas de mi zapatos.

jueves, 17 de octubre de 2013

Vuelve.

Quédate. Quédate a mi lado, quédate entre mis brazos, quédate junto a mi. Deja que tu presencia reine en mi habitación, deja que el eco de tu risa perdure en mi ser. Deja aquí parte de tus cosas, necesito saber que aún eres mío.
No, no te vayas, no me dejes sola. Te necesito.
Siempre te he necesitado. ¿No te das cuenta? Acudo a ti incluso para respirar.
He luchado contra viento y marea para estar contigo y ahora... ¿Ahora te vas?
Te quiero, joder. ¿No lo ves?
Siento no ser perfecta, no ser una chica de 90-60-90, no tener los ojos verdes o azules y siento no ser como una modelo pero soy yo y si te has cansado de esto; entonces vale, vete.
No vale que ahora vengas y digas que siempre me vas a querer por cómo soy cuando estás en la puerta a punto de marcharte.
Vete.
No, no me abraces. ¡Déjame! ¡Vete!
Para de decirme que deje de llorar. ¡Te vas! ¿Cómo quieres que no llore? Hemos estado cuatro años juntos, luchando contra todos y ahora huyes como el cobarde que eres.
Sí, eso, quédate callado. El silencio es siempre la mejor respuesta.
Vete para que pueda irme a llorar agusto.
Vete para quedarme sola.
Vete para que pueda seguir queriéndote en silencio.
Vete.
Pero... Vuelve.

viernes, 4 de octubre de 2013

Quédate.

-Quédate un rato más.
-Sabes que no puedo.
-Por favor.. 
-Esta bien.
Nos tumbamos en mi cama de nuevo. Él pega su pecho a mi espalda y sube y baja su dedo por mi brazo desnudo gracias a la camiseta de tirantes.
-No te vayas-susurro mientras me doy la vuelta y le miro a los ojos.
-No me voy a ir-dice sonriendo.
-No me refiero ahora. Me refiero mañana. Quédate aquí.
Su sonrisa desaparece y yo tengo que controlar tanto mi voz como las lágrimas que amenazan con salir a borbotones.
-Sabes que debo hacerlo. No tengo más remedio-dice en un susurro para que no se le quiebre la voz.
Me levanto de la cama y me voy al asiento de la ventana.
-Pero te necesito-digo lo suficientemente alto para que me oiga desde donde estoy pero lo suficientemente bajo para que la voz no se me quiebre.
-¿Y yo a ti no?- oigo como se levanta de la cama y viene donde yo estoy.
-Entonces quédate conmigo-le digo susurrando y mirándole a los ojos mientras unas cuantas lágrimas resbalan por mis mejillas.
Rápidamente encojo mis piernas hasta que tocan mi pecho y apoyo la cabeza en las rodillas mientras la escondo con mis brazos.
Siento cómo unos brazos fuertes me envuelven y en un pequeño susurro me pide que no llore.
-No me pidas que haga algo cuando sabes que no puedo.
-Sabes que quiero quedarme pero mi futuro está allí.
-¿Podré llamarte, al menos?-digo levantando la cabeza y secándome las lágrimas.
-¿En serio me haces esa pregunta tan estúpida? Pues claro, boba.-dice sonriendo.
-Siempre consigues hacerme sonreír. Por muy mal que esté.
-Siempre haces que tenga que preocuparme por ti. No debería dejarte sola.
-Me las apañaré. Te lo prometo. 
Me acoplo entra sus piernas y jugamos con nuestros dedos sobre las piernas.
Las estrellas son testigo de nuestra última noche juntos.
-Te voy a echar de menos, Juliet.
-Te echaré de menos, James.

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Dónde estás?

Pensaba que te quedarías para siempre, que siempre tendría tus besos y tus abrazos junto a mi. Pensaba que tu risa siempre retumbaría en mi oído. Pensaba que tu sonrisa sería lo que me iluminaría siempre que lo necesitase. Creía que tus palabras siempre iban a estar ahí para mi, para darme fuerzas.
Pero llegó el día, el día de irte. El día de dejarme sola aquí en medio, rodeada de gente sin corazón, sin fuerzas y sin ganas de seguir. Me dejaste a la deriva en medio de la nada. Me dejaste sin rumbo fijo.
Dijiste que ibas a estar para mi siempre que lo necesitase.
Bien, ahora te necesito. ¿Dónde estas?
Ando. Ando sin parar. Ando para encontrar mi camino, mi lucha diaria, mi fuerza sobrenatural. Pero no, no esta. No existe.
Tú me enseñaste a que la distancia es muy puñetera, que el verte dos o tres veces al año no me era suficiente pero me enseñaste a valorar cada momento que estaba junto a ti.
Me enseñaste a valorar que la vida te puede costar la vida pero que siempre es por una razón.
La gente se va cuando su función aquí ha acabado. Yo no quería que la tuya acabase nunca. Quería que siempre que lo necesitase estuvieses ahí, haciéndome reír, haciéndome cosquillas, regañandome si algo lo hacia mal.
Quería que estuvieses siempre para poder abrazarme cuando lo necesitase.
Quería que estuvieses siempre. Junto a mi. A mi lado.

lunes, 5 de agosto de 2013

"-Tuyo. +Mío"

Quiero... Quiero que vengas por detrás, rodees mi cintura con tus manos y apoyes tu cabeza en mi hombro mientras me susurras un "te he echado demasiado de menos como para poder soltarte" y que acto seguido me muerdas el lóbulo de la oreja, bajes hasta mi cuello y dejes tu marca ahí. Quiero que tus manos empiecen a hacerme cosquillas por la tripa, suavemente, como si me estuvieses pasando una pluma por ella. Quiero poder agarrar tus manos mientras me rodean la cintura y apoyar mi nuca en tu hombro mientras el viento sopla hacia nosotros haciendo que un escalofrío recorra cada parte de mi. Quizás ese escalofrío no haya sido producido por el viento, sino por tu dulce tacto. Me aprietas fuerte contra ti, como queriendo demostrar que soy tuya; cosa que he sido siempre.
El sol se va escondiendo cada vez más, como queriendo darnos intimidad.
Me giras y me pones de frente a ti. Apartas una de tus manos de mi cintura y la subes hasta mi mejilla, la acaricias con los nudillos de tu mano derecha y susurras un "estas demasiado preciosa después de todo este tiempo" con esa voz que sabes que me vuelve loca. Cierro los ojos por el tacto y por las palabras. Sonrío. Y sé que tú también lo estas haciendo a pesar de tener los ojos cerrados.
Cuando los abro estas sonriendo y aún estas acariciándome la mejilla, miras cada facción de mi cara, como queriendo recordarla, como si esta fuese a ser la última vez que la fueses a ver.
Esta vez soy yo quien levanta la mano derecha y acaricia tu mejilla. Te estremeces bajo mi tacto. Ha sido demasiado tiempo sin poder tocarnos. Hemos perdido la costumbre, supongo. Cierras los ojos y disfruto.
Disfruto al saber que aún sientes algo cuando te acaricio. Disfruto al saber que sonríes cuando me tienes cerca. Disfruto al saber que aún me quieres.
Cuando abres los ojos, sonríes aún más. Agarras mi cintura y me pegas más aún a ti, intentando que no haya ni un milímetro entre nosotros.
El viento cesa y ya sólo queda una fría brisa. El tiempo perfecto para nosotros.
Agachas tu cabeza y juntas tu frente con la mía. Yo subo mis manos hasta tu cuello y empiezo ha hacerte cosquillas. Me dices un "no hagas eso, sabes que me vuelve loco" con una sonrisa picara y mientras yo te contesto "quiero volverte loco. Quiero que seas mi loco" sonriendo.
Acercas tu nariz a la mía, me das un beso de esquimal y me sueltas "siempre seré tu loco, tu loco particular" y yo, caigo en tus redes.
Nuestros ojos brillan, brillan tanto que podríamos iluminar cualquier ciudad los dos juntos.
Agachas tu cabeza aún más, eres demasiado alto, ¿sabes? Yo bajo una de mis manos hasta tu pecho y con un dedo, subo y bajo por tu pecho, marcando cada curva.
Estas demasiado cerca, mi corazón late a mil por hora, mi respiración se agita, al igual que la tuya.
Me susurras un "tuyo".
Te contesto un simple "mío".
Tú respondes con un "mía" mientras sonríes con esa sonrisa que volvería loca a cualquier chica de este universo.
Yo contesto un "tuya" mientras sonrío como la tonta enamorada que soy.
Te refrescas los labios, me miras a los ojos y luego a los labios y nuevamente a los ojos.
Te miro a los ojos, a los labios, a los ojos mientras me muerdo el labio inferior.
"No te muerdas así el labio. Haces que lo único que quiera hacer sea devorarte". Tú y tus comentarios tan sutiles.
Me pongo de puntillas, me acerco a ti.
Subes tu mano izquierda hasta mi cuello y, cuando nos miramos a los ojos por última vez, me acercas a ti hasta hacer que no haya ni una mínima franja de aire que nos separe.
Y entonces, sí, me devoras. Me devoras a besos, tantos que no me da tiempo a coger ni aire, pero no me importa.
Entre beso y beso, se nos escapa alguna que otra risa.
"Eres mi salvavidas" te digo cuando paramos para poder respirar.
"Tú eres la que me impulsa a seguir adelante" me dices mientras tus ojos se vuelven dos estrellas de lo que brillan.

Vuelves a besarme, pero esta vez un beso corto, un beso rápido, dejándome con ganas de más.
Te miro con cara de pocos amigos, esa cara que tanta gracia te hace. Me miras y empiezas a reírte. "¿Qué he hecho ahora?" Me dices levantando la parte izquierda de tu boca. Tonto. "Eres malo. Me das un beso rápido para dejarme con ganas de más. Sabes que eso no es justo" te digo con voz cabreada y te señalo. "Oh, venga... Si te encanta. Y lo sabes tan bien como yo" me dices acercándote a mi pero yo huyo.
Corro un poco. Quiero empezar a jugar al pilla-pilla. ¿Volvemos un rato a la infancia?
Corres detrás de mi. Pero salgo corriendo. "¿Quieres jugar o qué?" Me dices parándote. ¿Tan poca resistencia tienes? Yo creía que tenías más. "No, corro por placer" y te saco la lengua. Niegas mientras sonríes y sales escopetado hacia mi. Mierda. Salgo corriendo. Estas cerca y me escondo detrás de un árbol. No me ves. Apoyo la espalda en el tronco del árbol. Respiro. Intento recuperar el ritmo normal. Río bajo mientras oigo tus pisadas cerca. Las hojas secas se rompen a cada pisada tuya. Respiro tan lento y tan bajo que parece que no lo hago. Me pongo en posición de ataque. Oigo tu respiración y salgo corriendo cuando alguien me atrapa.
El suelo desaparece bajo mis pies y el mundo da vueltas bajo un mismo eje. Tú. Yo. Nosotros.
Cuando me bajas, mi espalda esta apoyada en tu pecho, tus manos rodean mi cintura y tus labios están en mi oreja. "¿Creías que no te cogería?" me dices susurrando y con una pequeña risa al final. Intento escapar, intento que tus manos me dejen libre pero soy tuya, una vez más. "No vas a escaparte. Esta vez no".
Las hojas del suelo se elevan un poco por la brisa que corre.
Levanto las manos indicando mi rendición. "Tú ganas. Soy tuya. No voy a huir" me giras para quedarnos de frente, te lames los labios y con tu voz ronca me dices "¿lo prometes o es una promesa sin valor?" Te miro y levanto una ceja "¿desde cuándo te hago yo a ti una promesa sin valor? Te prometí estar cuando volvieses y sigo aquí, a tu lado. No me he ido, ¿no?" Te miro seria. Eso ha dolido. "Sólo era una broma, no quería que te sentase mal" dices como pidiéndome perdón. "Creía que confiabas en mi". "Y lo hago. Te lo juro". Me alejo de ti. No sé a qué ha venido eso.
Una nueva fría brisa hace que se me hiele cada parte de mi ser.
"Mírame. Eh, enana, mírame" me dices poniéndote en frente de mi y cogiéndome la barbilla para que te mire. "No. No confías en mi, lo que me has dicho... ¿Podrías explicarme a qué ha venido eso?" Te digo con lágrimas en los ojos y la voz rota. Tu cara se descompone al verme así. "Han sido tres meses demasiado difíciles. Sabes que he perdido la confianza en mucha gente pero no en ti. Nunca en ti." Dices descompuesto. Duele, ¿verdad? "¿Nunca? ¿Seguro? Porque por las palabras que..." "Eran simples palabras. Tú misma me dijiste <<nunca me prometas ni me digas algo sino me lo demuestras. Lo importante son los hechos, no las palabras>> o ya no te acuerdas?"
El único sonido que hay es el de las hojas al caer y algún que otro remolino de hojas por culpa de la brisa.
Miro a mi alrededor y me doy la vuelta. Me abrazo a mi misma y empiezo a llorar. Lágrimas silenciosas como estos últimos meses. Das dos pasos y te pones a mi lado, secas cada lágrima que cae. "Te dije que cuando volviese, no quería lágrimas; sino sonrisas". Niego con la cabeza. "Para. Para de hacer esto. De hacernos esto. Sé que quizás no haya la misma confianza que antes de que te fueras pero, ¿sabes? La distancia son un par de números y unas cuantas horas de diferencia. Te he demostrado que sé esperar a pesar de todo este tiempo, te he demostrado que puedes confiar en mi. No dejes que esto se acabe por cuatro personas que te traicionaron."

Consigo apartarme de ti y empiezo a andar. Necesito que el frío aire vuelva a mi, vuelva a hacer que estoy viva, que estoy aquí, con él. Quiero que el frío aire consiga que todo vuelva a ser como hace unos escasos minutos. Quiero que el jodido frío aire me haga sonreír.
Vuelvo a donde estábamos al principio de la tarde abrazados. Observo cómo el cielo se torna negro pero en él empiezan a destacar pequeños puntos de luz. Estrellas. Estrellas que me recuerdan al momento de cuando venimos aquí a despedirnos la noche de antes de que te fueras.
"Lo siento" susurras al ponerte a mi lado. Me abrazo a mí misma. No quiero esto. No quiero esta puta situación. "¿Por qué?" Digo muy bajo. Tengo miedo de que si levanto la voz, me ponga a llorar. "¿Por qué qué?" Susurras con el ceño fruncido. "¿Por qué yo? ¿Por qué una chica tan insegura de sí misma? ¿Por qué una chica tan insegura de su alrededor? ¿Por qué una chica que a penas sonríe?" Suelto de golpe. Un peso menos, supongo. "Porque tú fuiste la única que pudo verme cuando me volví invisible. Porque fuiste la única que me apoyó en cada momento en el que todo me iba mal. Porque me puse mi propio reto: ser el que te hiciese feliz. Lo único que no sé es si funciona" dices con un tono bromista en la voz mientras te encoges de hombros al final de la frase. Sonrío un poco y te miro de reojo. Esto es como al principio, como cuando comenzó todo. Tú, yo. Aquí, en este mismo lugar, en este mismo punto. Los dos con la misma postura. Tú con tus manos metidas en los bolsillos y un poco tenso. Yo rodeandome a mi misma para sentirme protegida.
Un leve susurro de aire hace que me de cuenta de que realmente no he respondido a lo que, indirectamente, ha preguntado.
"¿Sabes? Tu reto está más que conseguido. Vale, sí, solemos discutir. Un poco. Bastante. Quizás demasiado para una pareja de nuestra edad pero supongo que eso vendrá con formar parte de un nosotros y la distancia. Consigues que, con una mínima tontería, sonría como una idiota, que las mil mariposas que habitan en mi tripa, se despierten con tan sólo oír tu voz. Tu sonrisa es una de las mil cosas que me vuelve loca. Haces que mis ojos brillen como dos estelas cuando me dices un simple <<enana>> o un <<renacuaja>>. Me haces feliz. Y eso es así". Suelto los brazos y dejo que caigan a los lados de mi cadera.
Me entra un pequeño escalofrío tras todo lo que he dicho. Nunca había pensado que fuese capaz de hacerlo.
Te giras y sin pensártelo dos veces, haces que un puto zoológico aparezca en mi tripa provocándome mil escalofríos con tu beso.
No es un beso de esos suaves, ni uno que te deja con sabor amargo por querer más.
Es un beso apasionado, devorador. Un beso que no te pide más, sino que te pide que terminéis en otro mundo.
Es un beso de esos que a ti tanto te gustan. Un beso con el que consigues que cada poro de mi piel se despierte.
"Tú y tu manía de matarme a base de besos" te digo riéndome tras el beso.
"Tú y tu manía de decirme que me quieres a través de un par de frases" dices sonriendo.

sábado, 25 de mayo de 2013

Siempre vas a ser la persona que eras.

Muchas de las veces pienso que simplemente estoy en este mundo para hacer bulto, para gastar un poco de oxígeno que otra persona podría utilizar para vivir otros cuantos años o para desesperar al mundo entero. Hay días en los que todo es negro y la luz no llega pero, no sólo hay días,  a veces hay semanas en los que lo único que quiero es desaparecer por un tiempo y renovarme, ser otra yo. Es entonces cuando pienso que al querer encontrar esa otra yo, perdería la yo que soy ahora.  Vale, quizás no me sienta muy orgullosa de esa parte pero soy yo, soy la persona que yo misma he creado. ¿Por qué cambiarla? ¿Por unos cuantos días malos? ¿Por la sociedad?  ¿Por querer gustarle a los demás?
No, no me siento orgullosa de la persona que soy.
Pero el problema es que por mucho que tú intentes cambiar, por muchos cambios de look o muchos cambios de personalidad,  el pasado siempre va a estar ahí y siempre vas a ser la persona que eras.

martes, 14 de mayo de 2013

I can't trust.

Ven, ven y dime que me necesitas. Ven y dime que necesitas uno de mis abrazos, de esos que decías que te sacaban una sonrisa para el resto del día. Ven y dime que necesitas que te despierte mientras te como a besos. Ven y dime que vas a estar ahí siempre que me caiga. Ven y dime que me sostendrás cuando esté a punto de caerme de la cuerda floja. Ven y dime que me ayudarás a subir a la superficie siempre que haya tocado fondo. Ven y dime un "eres fuerte, ¿recuerdas?". Ven y dime que echas de menos mi olor. Ven y dime que echas de menos el sonido de mi risa. Ven y dime que extrañas el brillo de mis ojos. Ven y dime que me merezco ser feliz. Ven y dime que extrañas verme feliz. Ven y dime que me quieres. Pero ven porque ahora mismo necesito sentir tus brazos rodearme con fuerza, necesito inhalar tu olor hasta que se me quede impregnado en cada parte de mí, porque necesito que beses mi cabeza y me digas "te voy a seguir queriendo siempre. Eres fuerte. Siempre voy a estar ahí. Lo sabes". Pero ahora mismo... Yo ya no comfío ni en mi propia sombra.

domingo, 28 de abril de 2013

Sin tu presencia.

Te necesito. Te necesito y sin embargo no estás.
Necesito que tus brazos me rodeen, que apoyes tu barbilla en mi hombro, que sonrías después de darme un beso detrás de la oreja y me susurres un "te quiero" mientras tus labios rozan mi oreja y hace que los pelos se me pongan de punta.
Hoy es uno de esos días en los que te extraño demasiado y no estás.
¿Por qué? Porque decidiste marcharte y dejarme sola.
Hoy quiero desaparecer porque mi cabeza no para de reproducir ese día en el que tuviste el valor de decir "te quiero pero esto no va a ninguna parte. Es mejor que nos demos un tiempo. Un tiempo largo." Y sé que ese tiempo largo significa un para siempre.
Pero aquí me tienes hoy, recordándote una vez más. Deseo irme de esta ciudad que tanto me recuerda a ti pero no puedo abandonar todo como hiciste tú.
Me prometí superarte sin problemas, pero supongo que siempre estarán presentes; pero eh, llevo dos años aguantando sin ti. ¿Por qué no toda una eternidad?
Decido salir a la calle por mí misma después de varios meses.
Me siento con fuerzas para salir y, por si el destino quiere, verte y saludarte.
Nunca pensé que realmente fuese a superarte pero después de dos años de depresión, ¿qué me quedaba?
No podía quedarme toda la vida en la cama acostada porque tú decidieras dejarme.
Me merezco ser feliz tanto como tú.
Salgo a la calle y el aire me da de golpe en la cara. Es frío, pero me hace sentir viva, que aún sigo en esta mierda de mundo.
Quiero ir a mi sitio, a nuestro sitio. ¿Te acuerdas?
No, no creo que lo hagas, pero yo sí.
Sigo caminando hacia ese puente en el que nos vimos por primera vez.
Tengo miedo de ir, derrumbarme y volver al principio de esta depresión. Pero sé que no será así. He cogido fuerzas estos dos años que he estado en casa y soy fuerte, lo sé.
Voy mirando cómo las parejas que pasean, son felices. Muchas parejas son jóvenes, otras no tanto y a pesar de todo, han seguido juntos.
No me he parado a mirarme en el espejo. He cogido lo primero que he pillado. Hasta la ropa me recuerda a ti, a alguna tarde juntos, alguna cena. A algo en lo que tú estabas presente.
Estoy al principio del puente. Parece que no hay nadie.
Me asomo a la barandilla y dejo que el aire helado me golpee en la cara y mueva a su antojo mi pelo.
Cierro los ojos y me aferro a la barandilla.
No quiero que nadie me saque de este lugar.
Me siento libre, me siento llena, me siento yo aunque sólo sean durante unos segundos.
Abro los ojos cristalizados. No me importa porque las lágrimas no caen por mis mejillas.
Miro a la izquerda y no hay nadie.
Miro a la derecha y ahí estás tú.
Mirándome, alucinando.
Ahora sí que no estaba preparada para esto. No ahora que acababa de sentirme viva.
Te vas acercando cada vez más. Los ojos se te llenan de lágrimas. ¿Qué haces, Erik? ¿Por qué estás aquí? Deberías estas en otro país. No aquí.
No puedo moverme. Mis manos se aferrran a la barandilla como ventosas.
Tengo miedo.
Miro al frente y respiro hondo. Estaba preparada o eso pensaba.
Miro de reojo y te veo a mi lado, apoyado en la barandilla como hacías cuando discutíamos y te encontraba aquí.
Suspiro.
Suspiras.
Me miras de reojo y te sale una sonrisa trsite.
Te  miro de reojo y sólo quiero salir lejos de aquí.
-Valerie, hola.
+No.
-Valerie...
+¿Por qué?
-¿Por que qué?
+¿Por qué te fuiste? Nunca tuve la oportunidad de preguntártelo.
-Necesitaba espacio y lo nuestro no iba a ninguna parte.
+Te enamoraste de otra, ¿verdad?
-¿Qué?
+Sí o no. No es tan difícil.
-Valerie...
+No, dímelo. Aguantaré. Estoy frente a ti. Nada puede romperme más.
-...Sí, me enamoré de otra. Lo siento.
+Sé feliz, ¿vale? Es lo único que te pido.
Te acercas a mí, me acaricias la mejilla y yo cierro los ojos como cuando hacía cuando estábamos juntos.
-Siempre te he querido y siempre te querré. Te lo juro.
Mis ojos se encharcan de lágrimas agridulces por tus palabras. Lo que me acabas de decir, me mata como mil cuchillos.
+No me vengas con esas, Erik.
Abro los ojos después de decir eso y dejo que mis lágrimas corran por mis mejillas hasta que caen al suelo.
Duelen. Sus palabras duelen como si me quemasen viva.
Quiero salir corriendo. Quiero huir.
Huir de él. Huir de mí.
-Valerie, va en serio. Siempre voy a recordarte. Por eso vengo aquí. El día de nuestro aniversario y el día en el que rompí contigo, vine aquí.
+¿Por qué?
-Porque me recuerdan a ti, a tus pequeñas manías, a tus risas nerviosas, a tus sonrisas. Rompí contigo sin saber que aún estaba enamorado de ti y nadie podría nunca ocupar tu lugar.
+No, eso si que no te dejo decirlo. Fuiste tú quien me dijiste que lo nuestro no iba a ningún puerto.
-Fue un error mío.
+Lo siento pero debes aprender a vivir con ese error porque no puedo perdonarte. He estado dos años en casa, en nuestra casa, sin salir sólo y únicamente porque tú me abandonaste. Aprende a vivir sin mí como yo he aprendido a vivir sin ti.
Y dejándote con tu respuesta a punto de salir, tiro el anillo de compromiso, ese anillo que no quise tirar por si volvías, al suelo. No lo quiero.
Reharé mi vida sin tu presencia en la mía.

lunes, 8 de abril de 2013

Carrusel Veneciano V

Ahora ya sí que no podía creerle. Era imposible.
-Mira, Logan...
+No, Viana, no. Sé que me vas a decir que te estoy mintiendo, que me lo estoy inventando para hacerte falsas ilusiones, para que creas que te quiero y ponerte en ridículo delante de todo el mundo pero no. Te lo digo de verdad. Te quiero.
Cuando Logan acabó de hablar, empezó a llorar y se sentó junto a mí.
Ahora me sentía más culpable por todo, como siempre.
-Lo siento.
+¿Por qué?
 -Porque has empezado a llorar y...
+¡Eh, no! En serio. No es la primera vez que me pasa.
-Eso no ayuda mucho.
Y soltamos una pequeña risa los dos.
Nos quedamos los dos en un silencio un poco incómodo pero soportable.
 Juego con el bajo del vestido, pensando y teniendo el valor para soltar:
-Gracias.
+¿Por qué?
-Por invitarme y por el vestido y...
+No se dan.
Y sonreímos.
Vuelvo a jugar con el bajo de mi vestido cuando de reojo veo que él arranca la hierba del suelo.
-Viana...
+Dime.
-¿Puedo hacer algo?
+Claro.
Él se levanta y se arrodilla junto a mí. Pone mi mano en la mejilla, acariciándola con su pulgar, haciendo que sonriese y... Y me besa. Me besa haciéndome sentir todo lo que él siente. mor, pasión, admiración, ganas, miles de sentimientos a la vez.
-Te quiero, Logan.
Termino diciendo cuando el beso cesa.

Carrusel Veneciano IV

El chico que me gustaba desde siempre, el chico más rico, el chico por el que babeaban todas las chicas de esta pequeña ciudad, ese chico... Ese chico acaba de decir que me quiere. A mí. A la chicas invisible, a la chica rara, a la chica nerd, a la chica que se aísla minuto sí, minuto también; a la chica que se odia y que vive en su mundo todo el día, pensando en personas que no existen, escuchando voces que la dan fuerzas y la tranquilizan. Acaba de decir te quiero a la chica que se cortaba por cualquier cosa durante años. Acaba de decir te quiero a la chica más insegura del mundo.
-No hagas falsas ilusiones, Logan.
+No hago falsas ilusiones, Viana. ¿ Por qué si no te iba a invitar a venir a este baile? Tengo a cientos de chicas detrás mía, podía elegir a cualquiera.
-Podías haberme elegido sólo para reírte un rato de mí.
+¿Por qué no me crees?
-¿Por qué hacerlo?
+Porque te estoy diciendo la verdad.
-Pero yo no puedo creerte. Simplemente, no puedo.
Logan se acerca cada vez más a mí y yo sigo llorando en silencio. Sólo caen lágrimas por mis mejillas haciendo carreras entre ellas para ver quién llega antes al vestido.
+Déjame demostrarte que te estoy diciendo la verdad, Viana.
-¿Cómo? No puedes estar con alguien como yo.
+Estando junto a ti. Y sí, sí que puedo estar con alguien como tú.
-Tu reputación se iría a la mierda, Logan. En serio, déjalo.
+No, Viana, no. No pienso dejarlo. ¿Crees que quiero ser siempre la persona que está en boca de todos? Nunca lo he querido. Siempre he deseado ser como tú. Por eso me fijé en ti. Mientras tú eras invisible para los demás, para mí eres la persona que ocupa mi mente siempre.

Carrusel Veneciano III

Sí, había dicho que debía dejar de pensar en él así pero es imposible.Cuando llegamos a la pista de baile me doy cuenta de que es el momento de demostrar que sé bailar.
Empieza a sonar la música. La máscara sigue en su sitio. Sólo una persona sabe quién soy.
Me deslizo por el suelo, sin tropezarme y siempre manteniendo la mirada fija en sus ojos color mar.Me pierdo en ellos. Me pierdo tanto en ellos que termino por tropezarme y caer en sus brazos.
-¿Estás bien?
Y antes de contestar salgo corriendo a la otra punta de la casa, al otro jardín que hay.
Siempre estoy haciendo el ridículo. Siempre soy la patosa de todos lados.Sabía que algo así, pasaría.
Me quito las pinzas del pelo y dejo que caiga hacia delante. Necesito crear una cortina a mi alrededor para que nadie me vea llorar. Me quito los tacones y me tiro al suelo cuando me doy cuenta de que ni puedo por el can-can, así que me lo quito y lo tiro lejos y me siento en la hierba.Miro las estrellas. El cielo está demasiado claro y me pongo a pensar en lo estúpida que fui al aceptar la invitación, al aceptar sin saber quién era mi acompañante  al venir al saber quién era el qu me envió la nota. Estúpida al saber que haría el ridículo.
-No eres estúpida.
Me seco las lágrimas y contesto:
+Sí, sí lo soy.
-No.
+¿Cómo lo sabes? ¿Eh?
-Porque te quiero.

Carrusel Veneciano II

Nos encaminamos hacia el coche. Él me lleva cogida del brazo como el caballero que aparenta ser.
¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué me escogió a mí teniendo a todas esas tías detrás suya? Es algo que nunca lograré entender.
-¿Qué tal estás con el vestido?
 +Bien, me agobio un poco pero bien. ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Déjame adivinarlo... ¿Por qué tú y no otra?
+Sí.
-Lo entenderás cuando lleguemos a la fiesta. 
El trayecto de mi casa a la fiesta se hace interminable, pensé que nunca llegaríamos.
Él sale del coche primero para ir a mi puerta y ayudarme a bajar. Todo es tan bonito...La entrada está decorada con velas y flores blancas. Hace viento pero es suave y además caliente.
Me siento como una reina.
Cuando nos encaminamos hacia la entrada recuerdo una cosa importante que creí que nunca pasaría: ahora mismo soy la acompañante del chico más rico y más guapo de toda la ciudad, del que llevo enamorada toda la vida.
-¿Preparada para el carrusel?
+No.
Y se ríe.
Su risa es el sonido más perfecto que hay... Eh, espera, Viana, no puedes empezar a pensar así desde tan pronto.
Cuando llegamos a la zona descubierta me doy cuenta de que uno de los sueños que siempre quise que se cumpliera se está haciendo realidad:
Estoy en una fiesta veneciana con él.

viernes, 5 de abril de 2013

Quiero sentirte cerca.

Hoy hace cuatro meses que no te veo, que no te toco, que no te siento, que no sonrío.Las conversaciones a altas horas de la madrugada para cuadrar horarios, se han vuelto insuficientes.¿Sabes lo qué necesito una sonrisa tuya a dos centímetros de mí? ¿Una sonrisa mientras nos besamos? ¿Una caricia? ¿Un beso tuyo en mi frente que diga que siempre me protegerás? ¿Tu guerra de cosquillas? ¿Sabes lo qué necesito eso y más? Necesito que vengas, me abraces por detrás y me susurres al oído "confía en mí, todo va a salir bien".Últimamente siento que mi mundo se derrumba, que cada día que pasa me siento más y más sola. Pero al final del día, aunque tú seas la razón de mis lágrimas que dicen que te extraño, eres quien me saca esa sonrisa.Voy de camino a nuestro pequeño sitio, ese al que los dos somos adictos. He venido para ver el atardecer.Estoy apoyada en la barandilla, admirando nuestro lugar, el Templo de Debod, echándote un poco más de menos si pudiera.Cierro los ojos y te imagino detrás de mí, rodeando mi cintura con tus manos, abrazándome mientras me apartas el pelo y lo pones en el hombro y me das un beso en la nuca.  Después apoyas tu barbilla en mi hombro y susurras "siempre amaré el lugar en el que nos conocimos y siempre te querré".Y abro los ojos anegados de lágrimas, girándome y dándome cuenta de que no estás a pesar de que lo que he sentido, era real, como si estuvieras aquí.Mirando como el sol se esconde para volver a aparecer mañana, me marcho sola, tal y como llegue aquí.

Creer en lo imposible.

Hoy es uno de esos días en los que necesito un abrazo, una sonrisa, unas palabras que vengan de ti.¿Por qué? Pues porque te extraño de una forma increíble. ¿Una sonrisa tuya? Saca la mía. ¿Un abrazo tuyo? Hace que me sienta protegida, como en un  búnker. ¿Unas palabras tuyas? Son capaces de hacer de un día de mierda, el mejor.Pero es en estos momentos en los que me doy cuenta de lo lejos que estás de mi alcance, lo malditamente imposible que es tenerte junto a mí.Algún día sé  que podré decir "lo conseguí. Por un momento me sentí la chica más segura al estar entre sus brazos."¿Y sabes por qué? Porque tú me enseñaste a creer en lo imposible.

miércoles, 3 de abril de 2013

Vuelve, pequeño.


Me siento vacía.
Sus sonrisas últimamente suelen ser falsas, sus ojos ya no brillan con la misma intensidad de antes, sus gestos ya no son lo que eran.
Le echo de menos. ¿Para qué negarlo?
Veo como día tras día le intento hacer sonreír y sí, lo consigo, pero sólo durante unos minutos, unas horas como mucho.
¿Sabéis cómo extraño sus sonrisas verdaderas? ¿O el brillo de sus ojos? ¿O que se pase el día recordándome lo que me quiere?
No, no lo sabéis. Nadie lo sabe.
Veo sus fotos y sólo soy capaz de pensar "Vuelve a ser tú, pequeño. Sé que has crecido pero vuelve a ser el que eras. Vuelve a ser la persona de la que me enamoré. Necesito de vuelva a ese pequeño mocoso que sonreía día tras día, que me recordaba todos los días que me quería. Vuelve a ser tú, pequeño".
Sé que ha crecido, que ha madurado y que cada día que pasa se siente y más y más sólo y que de nada sirve decirle todos los días que le quiero, que siempre estaré ahí para él como él siempre lo estuvo para mí.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Carrusel veneciano.

Hace poco más de dos semanas que recibí una invitación en la que decía:

"Estimada Viana:
Nos agrada comunicarla que está usted invitada a nuestra próxima fiesta que será en un mes justo.  Pasarán a recogerla a las siete de la tarde. Nuestras celebraciones siempre tienen un tema y esta vez será el baile veneciano. No necesita acompañante puesto que es quien le ha enviado esta invitación.  Esperamos impacientes su respuesta.
Ciao, bella"

Mi cara al abrir la carta, con esa perfecta caligrafía,  ese papel rugoso pero suave a la vez, sin remitente y sin firma. .. Fue tan extraño todo que estuve a punto de decirles que no iba pero siempre quise asistir a un baile así,  con máscaras, con grandes trajes. Era un sueño que se haría realidad.
Faltaban solo dos malditas semanas para el baile.

Dos días antes del baile debía ir a probarme el vestido por última vez. Lo que mas odiaba del vestido que me habían pagado era que debía llevar corsé y lo odio. Pero supongo que, por un par de horas no me moriré.

El vestido me quedaba a la perfección.  Era gris, con pequeños detalles en azul y rojo, también tenía pequeñas piedras negras las cuales hacían que el vestido brillase más si pudiese. Iba pegado en toda la parte de arriba y al llegar a la cintura se abría de una manera espeluznantemente precioso.
El pelo iría suelto y con tirabuzones , nada de recogidos extraños.
Lo que más miedo me daba de todo era no saber quién era mi acompañante.
Bajé con cuidado las escaleras,  no quería caerme con aquel can-can y destrozar aquella maravilla de persona que, sin poder creerlo, era yo.
Cuando abrí la puerta, lo primero que me encontré fue un gran ramo de tulipanes rojos y después,  cuando apartó el ramo de tulipanes me encontré a la persona que, curiosamente,  me negué a que fuese él.

-¿Me concedería el baile de esta noche, por favor?
+Bueno, estoy vestida, peinada y maquillada para la ocasión. ¿Por qué no?
-¿Me dejas decirte un cumplido?
+Adelante.
-Esa máscara hace que te resalten más los ojos verdes esmeraldas que tienes,  bella. ¿Preparada para la mejor noche de su vida vida en el carrusel veneciano?

jueves, 7 de febrero de 2013

Memorias de un peluche.

Me encuentro sentado en la cama de Ana, rodeado de todos los otros amiguitos de ella. Estoy oyendo como Ana llora en el baño. Tiene 16 años. Quiero ir a abrazarla y decirla que recuerde su pasado. Quiero que recuerde ese día que me compró cuando ella tenía a penas 3 años. Quiero que recuerde cómo me presentaba a sus amigos del colegio, cuando tomábamos té con Barbie y Ken. Quiero ir y decirla que recuerde esas veces que me contaba con 10 años que quería casarse y tener 5 niños. Necesito que recuerde el cómo con 14 años venía y me contaba que el mundo era una mierda pero que le gustó encontrarme, que aunque sea un peluche, siente que estoy vivo. Cuando viene a la habitación corre a la cama y se tira encima de todos nosotros. Con la cara hundida en la almohada me busca a tientas y cuando me abraza me dice "Teddy, nunca te enamores, ¿vale? Pueden romperte el corazón". Quiero decirla que no se preocupe, que encontrará a su príncipe azul.
Ana fue haciéndose mayor, fue a la universidad y ya tiene el diploma de licenciada en medicina. Soy un peluche que tiene muchos años pero me siento muy orgulloso de ella.
Ana se ha casado hoy. ¿Sabéis cuál ha sido una de las condiciones para casarse? Que yo presidiera su cama.
Ana ya tiene 5 hijos, me recuerda a esa conversación que tuvimos de pequeños... Ahora pertenezco a Phoebe, su hija mayor. Quiere que la acompañe en su vida como estuve en la de Ana.
He vuelto a vivir con Phoebe lo que viví con Ana. Son iguales y la verdad, no me importa que ahora su hija sea mi "dueña".
Hoy ha venido Phoebe llorando a la cama, ha dicho que mamá ha muerto y que sabe lo importare que era para ella así que ha decidido enterrarme con ella. Puede que ahora Ana esté muerta y que yo vaya a morir también. Pero sé que sus hijos estarán bien y que no hace falta que yo me quede aquí.
Hoy Ana y yo hemos muerto pero estaremos juntos, en el más allá, cuidando de todos.

martes, 8 de enero de 2013

Por verle una vez más.

Recuerdo que... Que íbamos en el coche los dos solos, con la música alta y dirección a la playa.
También recuerdo que estaba feliz. Los ojos me brillaban y la sonrisa se mantenía en mi cara, como si estuviese pintada.
Recuerdo que le miré y sonreí aún más, pensando en que no sólo yo estaba feliz, sino que él también. Decidí, y maldigo ese momento, cogerle de la mano y entrelazar mis dedos con los suyos.
Ese día era nuestro cuarto aniversario. ¿Por qué ese día? ¿Por qué él y no yo? Y no, no me vale que ahora venga alguien y me diga "porque él hubiera dicho lo mismo".
Ahora, cada vez que cierro los ojos, veo como me miró, como me sonrió, como se acercó a darme un beso. Pero también me acuerdo que antes de ese beso, me dijo un simple "One Four Three". Sí, nuestra manera de decirnos te quiero era así. Con esas palabras y en inglés.
Han pasado 8 meses y aún recuerdo el sabor de ese beso. A amor, a cariño, a felicidad, a sangre.
No nos dimos cuenta de que el coche que venía de frente estaba haciendo eses y que, finalmente, le condujo a él a la muerte y a mi a la soledad.
Cada día que pasa le echo aún más de menos. Su olor, el sonido de su voz y su risa, sus abrazos, sus caricias, sus besos...
Sé que él estará cuidándome y vigilando que no me pase nada pero ahora, justo ahora y en este momento, necesito uno de sus abrazos. Uno de esos que me obligaban a esconder la cabeza en su pecho. Uno de nuestros abrazos o un par de palabras de aliento que me mantengan con unos meses más de vida.
Le necesito tanto junto a mi que daría lo que fuese por verle una vez más.