lunes, 12 de octubre de 2015

20 de enero.

20 de enero. 20:43

Hoy la gente me ha preguntado cómo nos conocimos. Ha sido gracioso porque no sabía cómo explicarlo.


20 de enero. 20:43

¿Y cómo lo has hecho? ¿O al final no lo has explicado?


20 de enero. 20:44

Les he contado lo siguiente: (puede ser largo, por si tardo en contestar)


20 de enero. 20:45 

Tranquila, quiero leerlo.


20 de enero. 21:00

Les he dicho que nos conocimos por aquí, por esta página. Al principio me han dicho que si estaba loca, que podías ser un loco pederasta o un asesino. Yo no he hablado hasta que no han acabado con sus reproches. Más tarde les he explicado que llevamos 6 años hablando y haciendo video-llamadas y no han sido capaces de articular palabra. Pensaban que les estaba tomando el pelo.
Les he dicho cómo te llamas, tu edad y de donde eres. ¡Incluso les he enseñado una foto tuya! Pero seguían pensando que estaba loca por estar contigo, por estar con alguien al que no he visto nunca en persona, al que no he podido tocar ni mirar bien a los ojos. A quien no he podido ni rozar.
Sus caras han sido un cuadro bastante grade, pero han terminado diciendo que era mi vida y que era yo quien debía decidir.


20 de enero. 21:04

¿Y qué has decidido?


20 de enero. 21:05

Estar contigo contra viento y marea. Contra mi familia. Contra la distancia. Contra todo. Quiero estar contigo y nadie me detendrá.


20 de enero. 21:07

Si estuviera contigo, te abrazaría hasta que me dijeses que te soltara.



20 de enero. 21:07

Pero es que nunca te diría que me soltaras porque un abrazo tuyo es lo que más deseo ahora mismo.



20 de enero. 21:08

Queda menos para que ese día llegue. Quizás deberías salir a la calle y despejarte un poco.



20 de enero. 21:08


¿Salir? ¿Con el frío que hace? No, gracias.



20 de enero. 21:09

Hazlo, te vendrá bien.



20 de enero. 21:09

Está bien. pero en cinco minutos vuelvo. No creo que aguante más en la calle.



20 de enero. 21:10

Estaré aquí cuando vuelvas.



Salgo al descansillo y un escalofrío recorre mi espalda. Hace demasiado frío a estas horas como para salir, pero ha insistido tanto que no puedo negarme. Quizás sí que necesite que el frío recorra cada parte de mi ser para olvidar las caras que han puesto antes.

La calle está vacía, solo se oyen los árboles desnudos moverme por el aire que hace. Se ven las estrellas a un lado del cielo, brillantes, unidas. En el otro lado está la luna, sola, pero resplandeciente.

Bajo los tres escalones que me separan de la acera y me paro de golpe.

Hay alguien de espaldas, con las manos en los bolsillos, dando botes para no congelarse.

De repente se da la vuelta y le veo.

Me quedo en el sitio, helada, tal y como amanecerán los coches mañana.

-¿No te alegras de verme?-dice con esa sonrisa que tantas veces he visto en el ordenador o en fotos.

-Pero... pe... Pero... ¿Qué haces aquí?

-Te dije que quedaba poco para vernos. No mentí, ¿no?-dice acercándose poco a poco.

-Pero... Dios, no sé qué decir-digo temblando de frío, de nervios, de emoción.

-No hace falta que digas nada. Ven que te dé ese abrazo que tanto tiempo llevo esperando darte.

-No pienso decirte que me sueltes, que lo sepas.






viernes, 9 de octubre de 2015

Lo que desearía que me hubieran dicho y nunca lo hicieron.

Déjame decirte que no estás sola. Que hay millones de personas que se sienten como tú, que os hacéis compañía aunque vosotros no lo sepáis.

Déjame decirte que hay gente ahí fuera deseando conocerte, deseando conocer por qué eres así, por qué tienes esa forma de pensar, de ver las cosas. De sentir.

Déjame decirte que hay gente ahí fuera deseando quererte. Puede que te suene raro, pero hay alguien ahí fuera con el que perderás todo. Tu primer beso, tu virginidad. Puede que incluso que esa persona te despose. ¿Quién sabe? Soñar es gratis.

Déjame decirte que te van a tirar abajo miles y miles de veces, que llorarás, gritarás y querrás desaparecer. Pero no puedes. Tienes demasiadas cosas por las que seguir.

Déjame decirte que aunque no tengas a nadie con quien hablar de tus problemas, siempre puedes escribirlos. Escribirlos para ti o para alguien más (aunque ese alguien no te conozca).

Déjame decirte que, por favor, no te rindas. Sigue adelante aunque el camino esté lleno de piedras afiladas, acantilados, desprendimientos de tierra, nieve, lluvia, frío, agujas, abejas... Lo que sea. Sigue caminando, aunque estés ensangrentada, aunque estés arrastrándote por el suelo. 

Sigue, no te rindas ahora. Ya queda menos para llegar al final, a lo que realmente te mereces.

martes, 25 de agosto de 2015

Hold me.

-Abrázame.
-¿Qué?-dice revolviéndose en las sabanas.
-Abrázame, por favor-digo dándole la espalda.
Me encojo en mi misma cuando noto su brazo rodeando mi cintura y su respiración en mi nuca.
Sonrío. Sonrío porque estas pequeñas acciones son las que me dan la vida.
-¿Mejor?
Asiento levemente mientras me doy la vuelta para estar de frente.
-Con un brazo tuyo rodeándome siempre estoy mejor.
-Entonces tendré que pegar el brazo izquierdo a tu cintura... Aunque no sé cómo viviríamos así-dice riéndose.
-Mira que eres estúpido a veces-digo riéndome en bajo. Es demasiado tarde como para soltar una buena carcajada.
Le miro a los ojos y brillan. Incluso siendo de noche puedo verlo. Sonrío y le acaricio la mejilla. Él cierra los ojos al sentir mi mano recorriéndole no solo la mejilla, sino también el cuello y el pecho.
De repente, me encuentro debajo de él, besándole agresivamente. Él suelta un pequeño gruñido.
-No lo hagas.
-¿El qué?-pregunta con voz ronca.
-Ese sonido. Me vuelve loca-digo agitadamente.
-Lo sé-sonríe pícaramente.
¿Quiere jugar? Entonces juguemos.
Le derribo separándole un brazo del colchón y me pongo encima de él. Le beso bajando por el cuello, los abdominales, hasta llegar al ombligo. Reacciona y vuelvo a estar abajo.
-Esta vez no te escaparás.
Sujeta mis manos por encima de mi cabeza y, cuando menos me lo espero, lo hace. Y joder, ya no hay vuelta atrás.