Hoy la gente me ha preguntado cómo nos conocimos. Ha sido gracioso porque no sabía cómo explicarlo.
20 de enero. 20:43
¿Y cómo lo has hecho? ¿O al final no lo has explicado?
20 de enero. 20:44
Les he contado lo siguiente: (puede ser largo, por si tardo en contestar)
20 de enero. 20:45
Tranquila, quiero leerlo.
20 de enero. 21:00
Les he dicho que nos conocimos por aquí, por esta página. Al principio me han dicho que si estaba loca, que podías ser un loco pederasta o un asesino. Yo no he hablado hasta que no han acabado con sus reproches. Más tarde les he explicado que llevamos 6 años hablando y haciendo video-llamadas y no han sido capaces de articular palabra. Pensaban que les estaba tomando el pelo.
Les he dicho cómo te llamas, tu edad y de donde eres. ¡Incluso les he enseñado una foto tuya! Pero seguían pensando que estaba loca por estar contigo, por estar con alguien al que no he visto nunca en persona, al que no he podido tocar ni mirar bien a los ojos. A quien no he podido ni rozar.
Sus caras han sido un cuadro bastante grade, pero han terminado diciendo que era mi vida y que era yo quien debía decidir.
20 de enero. 21:04
¿Y qué has decidido?
20 de enero. 21:05
Estar contigo contra viento y marea. Contra mi familia. Contra la distancia. Contra todo. Quiero estar contigo y nadie me detendrá.
20 de enero. 21:07
Si estuviera contigo, te abrazaría hasta que me dijeses que te soltara.
20 de enero. 21:07
Pero es que nunca te diría que me soltaras porque un abrazo tuyo es lo que más deseo ahora mismo.
20 de enero. 21:08
Queda menos para que ese día llegue. Quizás deberías salir a la calle y despejarte un poco.
20 de enero. 21:08
¿Salir? ¿Con el frío que hace? No, gracias.
20 de enero. 21:09
Hazlo, te vendrá bien.
20 de enero. 21:09
Está bien. pero en cinco minutos vuelvo. No creo que aguante más en la calle.
20 de enero. 21:10
Estaré aquí cuando vuelvas.
Salgo al descansillo y un escalofrío recorre mi espalda. Hace demasiado frío a estas horas como para salir, pero ha insistido tanto que no puedo negarme. Quizás sí que necesite que el frío recorra cada parte de mi ser para olvidar las caras que han puesto antes.
La calle está vacía, solo se oyen los árboles desnudos moverme por el aire que hace. Se ven las estrellas a un lado del cielo, brillantes, unidas. En el otro lado está la luna, sola, pero resplandeciente.
Bajo los tres escalones que me separan de la acera y me paro de golpe.
Hay alguien de espaldas, con las manos en los bolsillos, dando botes para no congelarse.
De repente se da la vuelta y le veo.
Me quedo en el sitio, helada, tal y como amanecerán los coches mañana.
-¿No te alegras de verme?-dice con esa sonrisa que tantas veces he visto en el ordenador o en fotos.
-Pero... pe... Pero... ¿Qué haces aquí?
-Te dije que quedaba poco para vernos. No mentí, ¿no?-dice acercándose poco a poco.
-Pero... Dios, no sé qué decir-digo temblando de frío, de nervios, de emoción.
-No hace falta que digas nada. Ven que te dé ese abrazo que tanto tiempo llevo esperando darte.
-No pienso decirte que me sueltes, que lo sepas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario