domingo, 28 de febrero de 2016

Quizás quería que te quedaras.

Me revuelvo en la cama metiendo la cabeza debajo de la almohada. Intento pensar en lo que sucedió anoche, pero no me viene nada a la mente. Entonces oigo pasos en el baño, agua correr y una puerta abrirse.
¿Qué hice? ¿Qué fue lo que hice anoche?
Saco la cabeza de debajo de la almohada y miro de reojo hacia la puerta del baño. Alguien sale con una camiseta en una mano y un par de zapatos en la otra.
Miro hacia la ventana y no se cuela ni un rayo de sol, lo que significa que es demasiado pronto como  para estar despierta.
Me siento en la cama, pasando ambas manos por mi cara en un intento de despejar la mente. Ahora recuerdo lo que sucedió, cómo sucedió. Recuerdo todo.
Le miro y él me mira, sin ninguna expresión, sin ninguna mueca.
Se acerca a donde estoy, se agacha, me coge del cuello, me da un beso en la frente y como si nunca le hubiera conocido, como si nunca hubiera estado en mi cama, en mí, coge y se va. Se va tan silenciosamente como vino.