Me revuelvo en la cama metiendo la cabeza debajo de la
almohada. Intento pensar en lo que sucedió anoche, pero no me viene nada a la
mente. Entonces oigo pasos en el baño, agua correr y una puerta abrirse.
¿Qué hice? ¿Qué fue lo que hice anoche?
Saco la cabeza de debajo de la almohada y miro de reojo
hacia la puerta del baño. Alguien sale con una camiseta en una mano y un par de
zapatos en la otra.
Miro hacia la ventana y no se cuela ni un rayo de sol, lo que
significa que es demasiado pronto como
para estar despierta.
Me siento en la cama, pasando ambas manos por mi cara en un
intento de despejar la mente. Ahora recuerdo lo que sucedió, cómo sucedió.
Recuerdo todo.
Le miro y él me mira, sin ninguna expresión, sin ninguna
mueca.
Se acerca a donde estoy, se agacha, me coge del cuello, me
da un beso en la frente y como si nunca le hubiera conocido, como si nunca
hubiera estado en mi cama, en mí, coge y se va. Se va tan silenciosamente como
vino.
