miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Dónde estás?

Pensaba que te quedarías para siempre, que siempre tendría tus besos y tus abrazos junto a mi. Pensaba que tu risa siempre retumbaría en mi oído. Pensaba que tu sonrisa sería lo que me iluminaría siempre que lo necesitase. Creía que tus palabras siempre iban a estar ahí para mi, para darme fuerzas.
Pero llegó el día, el día de irte. El día de dejarme sola aquí en medio, rodeada de gente sin corazón, sin fuerzas y sin ganas de seguir. Me dejaste a la deriva en medio de la nada. Me dejaste sin rumbo fijo.
Dijiste que ibas a estar para mi siempre que lo necesitase.
Bien, ahora te necesito. ¿Dónde estas?
Ando. Ando sin parar. Ando para encontrar mi camino, mi lucha diaria, mi fuerza sobrenatural. Pero no, no esta. No existe.
Tú me enseñaste a que la distancia es muy puñetera, que el verte dos o tres veces al año no me era suficiente pero me enseñaste a valorar cada momento que estaba junto a ti.
Me enseñaste a valorar que la vida te puede costar la vida pero que siempre es por una razón.
La gente se va cuando su función aquí ha acabado. Yo no quería que la tuya acabase nunca. Quería que siempre que lo necesitase estuvieses ahí, haciéndome reír, haciéndome cosquillas, regañandome si algo lo hacia mal.
Quería que estuvieses siempre para poder abrazarme cuando lo necesitase.
Quería que estuvieses siempre. Junto a mi. A mi lado.

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