sábado, 15 de septiembre de 2012

Tu mi idiota, yo tu princesa.

Hoy. Hoy era el día clave. Hoy era el día que, en teoría, iba a ser el mejor día de mi vida pero no, no lo es. Él no esta aquí, en mi 17 cumpleaños.
Quizás para vosotros no sea una fecha importante pero para mí sí.

Estoy tumbada en la cama, mirando al techo,pensando en él.
Ayer rompió conmigo. ¿Por qué? No lo sé ni yo. De repente vino y tan solo me dijo 'Lo siento, pequeña, ya no aguanto mas esto. Te quiero pero necesito tiempo' . ¿Me deja llamándome 'pequeña'? Sabe que esa palabra puede conmigo.
Mi madre y mi hermana no tienen ni idea. Ayer llegué como si nada, me preguntaron que si hoy vendría a casa para celebrar mi cumpleaños y solo fui capaz de soltar que no lo sabia, que quizás tendría planes y corrí a mi habitación.
Me giro y miro el reloj, son las 12:30. Cuatro malditas horas de sueño. ¿Yo? ¿Dormirme a las ocho y media de la mañana? Nunca.
Reviso mis notificaciones por si hubiera recibido su felicitación pero no hay nada relacionado con él.
¿Ni si quiera me iba a felicitar? ¿Iba a ser capaz?
Me levanto, sin ánimos, sin ganas. Ni una sonrisa que desde hacia un año me representaba. ¿Dónde quedó? No lo sé.
Me miro en el espejo. Las ojeras sobresalen en mi cara mas que cualquier cosa.
Pongo una sonrisa falsa delante del espejo pero nada, no vale.
Respiro hondo tres veces cuando cierro los ojos. Inspiro una cuarta vez antes de abrir la puerta y recibir los típicos 'felicidades' que odio desde que nací.
Abro la puerta y ahí están mi madre y mi hermana, soltando el maldito felicidades, los típicos tirones de orejas.
La sonrisa falsa parece funcionar.
Camino al salón. En la mesa hay churros. ¿Cuánto llevaba sin comerlos? Meses. Me siento en el sofá. Miro encima de la tele y ahí estamos los dos, juntos, en las escaleras de su casa. Me levanto y quito la foto. La escondo debajo de un cojín. Desayuno rápido. Decido irme a dar una vuelta, necesito despejarme. Se lo digo a mi madre y acepta, ya sabe que estoy mal.
Voy por su zona, por su calle, por su casa.
Necesito una maldita explicación.
Llamo a su timbre, contesta su madre diciendo que no está, que necesitaba despejarse.
Genial. ¿Ahora cómo iba a hablar con él?
Esto no podía suceder de verdad.
Decidí ir al parque, aire limpio, tranquilidad. ¿Quién iba a salir a la calle con mas de 40 grados? Nadie.
Me siento en uno de los bancos que rodean el lago. Hay una tranquilidad absoluta hasta que de repente oigo que alguien empieza a dar patadas a algo mientras grita a pleno pulmón 'MIERDA'.
Parece su voz pero no, lo único que pasa es que me estoy volviendo loca. Sí, debe de ser eso.
Abro los ojos y miro en la dirección de donde se oían los gritos.
Oh no, me estaba mirando, era él. ¿Qué coño le pasaba? Soy yo la que debe de estar como el culo, no él, yo no he roto con él.
Me levanto. Quiero irme. Soy estúpida. Ando rápido, muy rápido, casi corriendo. De repente, empieza a gritar mi nombre.
-Eva. ¡EVA! ¡EVA, PARA, JODER!
+¿ Por qué no me dejas tranquila? ¿Por qué no me olvidas? Tú fuiste el que decidiste romper, no yo.
-Lo sé. Lo sé y lo siento. He sido un estúpido pero entiéndeme.
+¿Qué te entienda? Rubén, me prometiste que siempre íbamos a estar juntos y de repente llegas ayer y me sueltas que necesitas tiempo. Yo te lo he dado, pero no vuelvas.
-¿Cómo que no vuelva? Eva...
+Rubén, no puedo.
-Eva...
+Tú rompiste, yo acepto tu decisión. Es mi cumpleaños, necesito sonreír y lo único que hago es llorar.
-Fui el estúpido que rompió el corazón de la chica mas hermosa del mundo.
Si seguía así, esto terminaría mal.
+Mi madre me espera en casa. Adiós, Rubén.
-¿Puedo ir a casa a darte tu regalo?
+Haz lo que quieras.
Y sin decirle que le quería, me marché.

Llego a casa y lo primero que veo es a su madre y a la mía hablando, de nosotros. Lo sé por sus caras. ¿Qué coño pasa aquí?
-¿Ocurre algo, mamá?
+Eva... ¿Rubén y tú habéis roto?
No, que va, mis ojeras son por culpa de los nervios de cumplir 17 años, ¿no? Dios, que frustración.
-Emm.... Siguiente pregunta.
+Eva...
-Mamá, déjalo. No importa. Estoy bien. Es mi cumpleaños, ya esta.
Y me voy a mi habitación.
Mi cuarto está lleno de fotos nuestras, de regalos suyos.
Tenía claro una cosa. Cada foto, cada regalo se iba a quedar donde estaba. No lo pienso quitar, nunca.
Oigo voces, suspiros, lamentos y la voz de un chico.
Bajo las escaleras corriendo y me le encuentro de frente.
-¿Qué coño haces aquí?
+Mi madre me ha llamado, me ha dicho que viniera.
-DIOOOS.
+Eva, joder, ya te he dicho que lo siento.
-¿¡Y te piensas que un lo siento lo arregla todo!?
+No.
-Pues entonces.
Y volví a mi habitación.
Vaya mierda de cumpleaños que iba a tener. Conozco a mi madre y a la suya. Son grandes amigas desde hacia años, quizás demasiados para que no se quedaran a comer.
-Quedaos a comer.
+No creo que a Eva le haga mucha gracia, si eso venimos por la tarde, ¿no, Rubén?
~Sí, mejor. Necesito recuperarla. La quiero mucho.
Quien me mandaría a mi asomarme a la puerta y escuchar de lo que hablaban.
Me tiré a la cama. Me puse música. Esto era lo único que me tranquilizaba.
Mi madre me llamó para comer. ¿No comprendía que no tenía hambre?
-No tengo hambre. ¡DÉJAME!
Y me quedé dormida.
Cuando me despierto el sol da justo a mi ventana. Supongo que serán las seis y media o las siete de la tarde.
Miré el reloj. Las siete menos cuarto.
Oía muchas voces, tanto masculinas como femeninas, muchas risas y carcajadas.
¿Nadie comprendía que yo no tenía cuerpo para fiestas?
Bajé al salón con mi cara de sueño, con mis ojeras y con mi ropa de estar por casa.
Toda persona que ha estado en casa me ha visto así mil veces, nadie debe de sorprenderse.
-No tengo ánimos para fiestas, lo siento.
Él no estaba pero su madre sí.
+Ves a arreglarte y baja, tienes que soplar las velas.
-Mamá, no tengo ganas.
+Eva, es tu cumpleaños, me da igual si tienes ganas o si no. Lo haces y punto.
-Iros a la mierda.
+¡ESA BOCA!
Subí a cambiarme y a arreglarme un poco. ¿Nadie me entendía? ¿A nadie le había pasado lo que a mi? No es justo, joder.
Empece a tirar todos los peluches contra la pared, necesitaba descargar un poco de rabiar ya que llorar me era insuficiente.
Cogí una falda negra con pequeñas flores multicolor, una camiseta básica blanca y los tacones negros con brillantina que tanto me gustan. Me arreglé un poco el pelo, me coloqué las ondas naturales y me pinté un poco la raya del ojo.
Bajé con cuidado. No se oía nada. ¿Qué estaba pasando?
Mire a todos lados pero no había nadie.
-¿MAMÁ?
+EN EL JARDÍN.
Fui directa al jardín y ahí estaban todos.
Incluido él. Traía un ramo de tulipanes rojos. Mis preferidos.
En un libro leí que significaban 'amor eterno' y me lo creí.
+Felicidades, princesa.
-No es justo, Rubén. Sabes que con esto me tienes de nuevo y no, porque ayer rompimos, bueno, rompiste tú. No es justo que vengas ahora y me des este ramo.
+¿Sabes por qué lo hice? Porque no te merezco, porque eres demasiado buena conmigo, porque por mucho que yo tuviese la culpa cuando discutíamos tú eras la primera en pedir perdón, porque nunca podré ser como tú, porque me superas como persona, porque eres demasiado guapa, demasiado hermosa para poder estar a tu lado, porque no te merezco y tú no mereces a alguien tan torpe e idiota como yo.
-Pero eres mi idiota.
+Y tú mi princesa.

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