lunes, 21 de octubre de 2013

Duele.

-Espérame.
+No.
-Por favor.
+Te he dicho que me dejes sólo, ¿puedes hacerlo?
-No.
+¿Vas a seguirme allá a dónde vaya?
-¿Acaso no puedo?
+Quiero que me olvides.

Duele, duele decir esas cuatro palabras. "Quiero que me olvides". No, en realidad no quiero que lo hagas. Quiero que sigas detrás mía, quiero seguir oyendo tus llantos y tus gritos de desesperación porque vuelva. Quiero girarme e ir corriendo hacia ti y que escondas tu cabeza en mi cuello, inspirar la fragancia de tu pelo y abrazarte hasta que me digas que pare.
Pero no puedo. Lo jodiste todo cuando me fui por dos meses. Dijiste que me esperarías. ¿Dónde está tu espera? En un mundo paralelo, supongo, porque aquí no.
Fuiste capaz de engañarme y luego de venir a recogerme al aeropuerto. Fuiste capaz de mentirme con cada llamada de teléfono. Fuiste capaz de mentirme a la cara hasta que todas tus mentiras te pudieron y me soltaste la verdad.
Te amo por tener el valor de contármelo pero te odio por haberlo hecho.
Duele, duele dejarte marchar. Duele saber que ya no vendrás más a mi a pedirme que te abrace. Duele saber que ya no necesitarás mi pecho o mis piernas de almohada. Duele saber que ya no necesitarás de mi tacto o que ya no seré yo el que te haga cosquillas.
Duele. Duele dejarte ir. Pero más me duele dejarte ir cuando tú eres la razón por la que volví aquí. 
No tenía a nadie. A nadie. Sólo me quedabas tú.
¿Y ahora? Ahora sólo queda nieve pegada en las suelas de mi zapatos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario